TOY PHILOSOPHY////002

31//01//2018

La maldición del hombre-langosta

Reza Negarestani (con enlaces agregados)

Mientras escribía un extenso post sobre modelos, complejidad y pedagogía generalizada:

Tal vez es porque mi trasfondo barbárico y todo eso—siendo un medio-oriental hasta el fondo—pero realmente no puedo descifrar qué es todo este escándalo sobre Jordan Peterson. Por lo que he visto hasta ahora, la mayoría de sus críticas vienen de gente que está cómoda con el naturalismo codicioso pero que no está dispuesta a abrazar sus consecuencias. Es como ser un seguidor de David Icke o ser un fanático de [Nick] Land y luego sorprenderse por el hecho de que tu punto de vista al final del día degenera en una épica de lagartos y batallas intergalácticas adolescentes al estilo skynet entre hombres blancos sin alfabetismo científico y personas disfrazadas de uniformes de elfos luchando en una partida de rol por un capitalismo mesiánico.

Esto siempre ha sido la perdición de la naturalización codiciosa: una vez que se llega a un concepto inadecuado de naturaleza que no te permite ascender hacia la autonomía de la razón y descender hacia la heteronomía de las causas, la sapiencia y el lupus para usar la frase de Plauto, entonces tales escenarios son inevitables. La naturalización siempre supuso un camino de doble mano hacia la autonomía y la heterogamia. Sin embargo, en estos tiempos con el advenimiento de la ciencia neoliberal uno solo consigue un camino sin salida. Todo paradigma de naturalización que avale un movimiento en una sola dirección sufre de un concepto inadecuado de naturaleza.

Mi amigo Tahir Al-Tersa respondió con un gran comentario a mi reacción inicial, que debe ser citado en su totalidad:

En un comienzo tampoco entendí por qué Peterson se estaba volviendo tan relevante, mis opiniones eran las mismas—particularmente porque no solo lo que decía era la conclusión lógica de lo que se estaban volviendo presupuestos comunes, sino porque ni siquiera se trataba particularmente de una conclusión única. Pero está claro que Peterson no es popular solamente por los contenidos intelectuales de su posición –lo mismo sucede con los individuos como Milo, etc. —sino principalmente porque él era capaz de alinearlos con una posición político-cultural que ya muchos tienen. Al mostrar su capacidad de utilizar esas ideas en medios populares tales como la televisión, y darle sentido a las controversias mindanas con ellas de una manera que penetra la conciencia popular, ellas toman un poder que excede su contenido real. Y en mi opinión, sería un error subestimar la medida en que aquellos entre nosotros inmersos en la esfera intelectual estamos en cierta manera deudores de esta esfera más ‘baja’, más vulgar.

Acuerdo con Tahir con todo el corazón. Me parece que la imagen del intelectual público hoy se ha vuelto casi un sinónimo de este tipo del naturalismo codicioso (un conservadurismo sensiblero y misticismo humano difundido con fábulas y alardes evolucionarios anti-humanistas). Para usar los términos de [Olivia] Lucca Fraser, el naturalismo codicioso coincide con el misticismo sobrenatural. Una vez que desarrollas una concepción no científica y poco rigurosa de la naturaleza, casi invariablemente te vuelves propenso a avalar una tesis sobrenatural sobre el mundo del que eres parte. En otras palabras, el naturalismo codicioso de Peterson y el sobrenaturalismo Jungiano son en realidad dos caras de la misma moneda. Si hay una imagen viable del intelectual público de izquierda que deba ser avalado en oposición con el intelectual público inclinado a la derecha, es aquella de un intelectual que no toma la naturaleza como algo dado, esto es, la naturaleza no como una entidad fija o algo dado por Dios, sino como una explicación manipulable o construible en el espacio de n-hipótesis.

Esto quiere decir que el intelectual público de izquierda debe ser el hijo de la ilustración científica, a la vez observador del bagaje socio-cultural negativo del proyecto ilustrado y devoto de sus compromisos centrales, es decir, la ciencia y la racionalidad, ampliamente entendidas.

Una amiga mía, Alice Sinclair, me advirtió sobre la categoría de racionalismo: hoy el liberalismo es racionalista, y la gente como Peterson simplemente son la consecuencia inevitable de la rama liberal del racionalismo en que la razón es tratada como una ‘fuerza teleo-ideológica que legitima el status quo’. Esto es cierto, pero esta es otra razón por la que la izquierda debe reclamar la concepción colectiva de racionalidad. Desatar la concepción colectiva de la razón equivale de hecho a la negación del reconocimiento liberal de la razón como un telos aristotélico que salvaguarda la legitimidad del orden de cosas establecido. ¿Cómo puede ser la razón si no reconoce sus propios límites aquí y ahora? De modo que en cierto sentido, cuando digo que la razón es necesaria pero no suficiente, quiero decir que el verdadero racionalismo debe coincidir con el comunismo como el movimiento real que lleva a abolir las llamadas totalidades completas de la historia y supera el status quo. Esto incluye la concepción parroquial de la razón que protege el régimen liberal. Pienso que una de las tareas de la izquierda hoy en día es precisamente arrebatarle el racionalismo de la concepción liberal de la razón como fuerza teleológica, demostrar concretamente que el proyecto de la razón es la negación de tales ideologías erigidas en favor del status quo y la persona o cosa que ello represente.

En esta medida, no veo una alternativa viable que no sea la racionalidad científica. A aquellos camaradas izquierdistas que temen incluso la más remota mención de las palabras razón, ciencia o computación: ¡La papelera de reciclaje de la historia les está esperando!

Ser izquierdista significa respaldar la historia como ciencia (Marx), tomar la idea de ciencia crítica y racionalista en serio. En última instancia, creo que Tahir está en lo correcto. Nada va a cambiar en la arena pública a menos que la izquierda ponga adelante sus propios intelectuales públicos que no temen a la ciencia (ampliamente entendida), sino que están enteramente sumergidos en ella. Para usar las palabras de McKenzie Wark, lo que necesitamos es un marxismo vulgar (no confundirlo con el marxismo kitsch que he criticado en el pasado) —esto es, un marxismo popular, es decir, vulgar en el sentido positivo de la gente. Necesitamos izquierdistas vulgares que puedan tender una vez más un puente para superar la distancia entre la ciencia y los ideales igualitarios, que puedan demostrar que las ideas de Peterson y la gente su calaña no son solo éticamente problemáticas sino sobre todo que son patentemente falsas en sus aspectos científicos y metodológicos. Sin esto, estamos en todo respecto condenados.

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