Nick Land :: Bitcoin y Filosofía (004)

Publicado el 4 de noviembre de 2018.

 

§0.04 — En su nivel más ingenuo de aceptación, ‘Bitcoin’ es una palabra que refiere al menos a tres cosas. De aquellas, la más elemental –aunque actualmente la definición del término menos invocada– es un artículo técnico y breve, en cuyo código catalítico todo estaba, en cierto sentido, ya implícito. No hay nada obvio sobre este desarrollo terminológico. Hablar de la ‘crítica de la razón pura’ es antes que nada nombrar un libro, incluso cuando (no menos que con Bitcoin) es el ‘objeto’ del libro el que está siendo nombrado. La crítica de la razón pura (la ‘cosa’) es en este caso un significado retrasado, a pesar del hecho de que su título no diga nada más. En el caso de Bitcoin, este sistema de aceptaciones está excepcionalmente invertido. ‘Bitcoin’ no es entendido primeramente como un artículo [1], quizás porque no es primeramente un argumento. Su nexo de persuasión ha migrado al exterior, en cercana asociación con el significado de código. La crítica experimenta una acelerada automatización.

§0.041 — El motivo de duda filosóficamente apremiante –aunque momentáneo– en este punto de origen, en que el balance entre lo virtual y lo actual es más dramáticamente precario, es mantener abierta la cuestión de la introducción primordial, incluso cuando tiende a eclipsarse a sí misma. Durante esta fase embriónica notablemente breve, cuando Bitcoin es implementado sólo en palabras, era al menos doble –a la vez un título y un tópico. Desde el comienzo, el término apuntaba más allá del nombre de un texto, hacia una entidad virtual, algo que podría hacerse suceder, o que era, siendo delineado rigurosamente, ya haciéndose suceder. Siendo esbozado, estaba siendo de hecho iniciado –incluso liberado [released]– y a través de este [scripting] ‘preliminar’ ya ha sido informalmente pre-programado, o prácticamente introducido. Bitcoin ha existido desde el momento en que fue nombrado (y su origen puede ser llevado hasta mucho más atrás). Tal potenciación oculta del evento semiótico es lo que llamamos codificar [to code], en el sentido moderno del término. Es mucho más que una descripción. En tanto código, la escritura es transportada más allá de la representación a un horizonte operacional, en que construye lo que dice, inmediatamente. El lenguaje no pueda seguirlo en este camino es ya una cáscara –inconsecuente por esencia– a menos que la política pueda salvarlo. (Bitcoin es la apuesta a la que no puede seguir.) [(Bitcoin is the bet that it cannot.)]

§0.042 — Incluso cuando no está referido explícitamente en el texto, y por ello evocando la distancia entre la palabra y la cosa, el nombre ‘Bitcoin’ permanece dividida por una diferencia fatal (una de aún más grande importancia para nuestra discusión). La versión inicial, estrecha, versión de esta escisión –distinguiendo cualquier cantidad de bitcoins de la singularidad exhaustiva del Bitcoin— es una falla [faultline, en sentido geológico] crítica a la que volveremos repetidamente [2]. Anticipa –permaneciendo irreducible a– un cisma, de la reunión entre concretitud social y consecuencias históricas, abierto por la polarización del ‘Bitcoin’ (concebido como específico, contingente, [branded], y políticamente -o competitivamente- extinguible) por sobre ‘el blockchain’ (una innovación tecnológica genérica, que es aceptada como irreversible, y presentada como conservativamente asimilable). Enhebrada a través de los más enérgicos debates sobre Bitcoin hay una cuestión de limitación. ¿Puede el sistema monetario ser circunscripto (y luego trascendido) como el estadío larval de algo más grande que sí mismo –sirviendo como el gestor de arranque histórico para una nueva revolución de Internet impulsada por protocolos de transacción genéricos basados en blockchain? La escisión filosófica que reactiva la diferencia empírico-trascendental en el dominio de la tecnología monetarias ya ha sido pues dramáticamente abierta e incluso tentativamente evaluada en el curso de un proceso de exploración socioeconómica ampliamente informada y financiada, antes que cualquier actividad filosófica autoconsciente lo alcance. Durante la elaboración de esta controversia, algunos de los intereses cruciales en juego en la escisión interna del Bitcoin han sido expuestos, y su absorción teórica se ha facilitado. El hecho de que la cuestión haya sido planteada por el oportunista capital de riesgo no disminuye para nada su carácter perfectamente filosófico, tal como es capturado –con fidelidad razonable– en la formulación: ¿Cuáles son los límites de Bitcoin?

§0.043 — Es en el tercer –y enteramente histórico– nivel de significado, sin embargo, que el alcance de la significatividad del Bitcoin se manifiesta gradualmente. Más allá de la formulación inicial (o protocolo abstracto), y su consiguiente implementación como sistema monetario en funcionamiento (y a esta altura algo más), emerge un proceso de instalación de Bitcoin mucho más amplio [3], de un carácter y magnitud evidentemente vasto pero aún oscuro. La fórmula es un diagrama, la implementación es una base de datos activa que respalda la cripto-moneda, pero lo que experimenta una instalación es toda una ‘ecología’ o ‘infraestructura’ tech-onómica –una multiplicidad compleja de partes entrelazadas, cuyos horizontes aún están perdidos para nosotros en brumosas distancias (sin importar lo rápido que nos acerquemos). Es en esta dimensión que Bitcoin y Filosofía se encuentra más clara y ampliamente abrumada. Luego de ser pensado, y luego hecho, Bitcoin promete –o amenaza– con cambiar la manera en que todo es pensado y hecho, o que pensaría en hacerlo, si no fuera que en la era del código tales términos insípidos han sobrevivido a su utilidad, y han persistido solo por inercia.

 

[1] La palabra ‘paper’ [artículo] se desliza fácilmente hacia una digresión. Después de todo, se puede argumentar convincentemente que la referencia al ‘paper de Bitcoin’ ya se ha rendido a un legado lingüístico de peculiaridad inapropiada, y por ello es un anacronismo risible. El ‘carecer de papel’ es una idealización retrofutura y por lo tanto históricamente ironizada del paisaje electrónico. Es o bien pseudo-teología o bien –más probablemente– una predicción prematura, tácitamente implicada por esta y toda otra discusión sobre la información digital, incluso anterior a una colisión con el juggernaut* temático del dinero ‘en papel’. Si los ‘papers’ siguien entre nosotros –incluso cuando sólo incidentalmente se han propagada por el medio de los ‘árboles muertos’– es porque la historia es un haz [sheaf] suelto en vez de una pila ordenada. Como las épocas tecnológicas coexisten, simultáneamente, el anacronismo encuentra sus caminos en el espacio mucho más que en el tiempo.

[2] La distinción entre “bitcoin en minúsculas y Bitcoin con Mayúscula Inicial” (en palabras de terrence Yang), es decir el “dinero digital” y “el protocolo” respectivamente, ya ha sido increíblemente estandarizada. La emulación de una diferencia filosófica –y, en tanto modernos, podemos decir con confianza la diferencia filosófica– por medio de una convención terminológica rápidamente asentada dentro de los mundos del comentario tecnológico y los medios de noticias financieras dan fe de una determinación de la conceptualidad desde el afuera. El ‘pensamiento’ que importa es producido antes que cualquier aprehensión filosófica explícita. (Esta fatalidad sin duda evoca al “Búho de Minerva” de Hegel entre aquellos receptivos de la comunización especulativa, cuyos problemas trataremos más tarde en este libro.) Sobre la articulación de la diferencia ontológica de Bitcoin de Terrence Yang, ver.

[3] La eminente teórica de ondas Carlota Perez insiste sobre la integridad histórica de la tecnología y las finanzas dentro de ‘grandes oleadas de desarrollo’, cada una de las cuales introduce un nuevo ‘paradigma tecno-económico’. Primero divide cada oleada en una ‘fase de instalación’ y una ‘fase de desarrollo’ (que a su vez son tratables por subdivisiones binarias), notando que la transición de una a la otra es indicada típicamente por una crisis financiera impulsada por un rebasamiento de inversiones. La economía política es un ritmo. Su pulso, con una periodicidad de aproximadamente medio siglo, engloba no solo la innovación tecno-industrial y su financiamiento, sino también el sentimiento social y el ánimo político. La historia del capitalismo es así construida como una sucesión de etapas comparativamente discretas. Cada una de las ‘grandes oleadas de desarrollo’ de Perez se corresponde con un objeto télico complejo. El lenguaje de la ‘instalación’ ya nos dice mucho. Una cosa virtual llega, o es puesta en su lugar. (Estas terminologías son estríctamente inter-cambiables.) Sobre la base de la lectura más mecánica del marco analítico flexible de Perez, puede esperarse algo correspondiente a la ‘fase de desarrollo’ de Bitcoin en 2030-2040. Tal línea de tiempo asume una ausencia de aceleración tech-onómica en el nivel más profundo de la modernización: una predicción negativa que el análisis histórico de Perez apoya en su conjunto. Las Grandes Oleadas de desarrollo van al ritmo de una temporalidad generacional-antropomórfica, en vez de un momentum auto-propulsivo inherente al industrialismo mecánico. No se están acelerando. La periodicidad comparativamente estable es esencial a la hipótesis. Crypto-Current no es una documentación del proceso de instalación de Bitcoin, aunque le otorga –sin reservas– valor potencial a un trabajo tal. Tal vez no haya nada que capture más incisivamente los principios más profundos de la ola capitalista creciente. La desconfianza funcional, como resultado industrial, permanece concebida sólo muy tentativamente. El momentum detrás es difícil de sobreestimar. Con la emergencia de Bitcoin, un gobierno constitucional riguroso en tanto problema político-económico que el viejo orden liberal encontró imposible de navegar exitosamente, se ha trasladado a la capacidad tech-onómica bajo propulsión automática. La implicación definida es la industrialización del gobierno. Claramente, la apuesta socio-política en una ola de desarrollo capitalista nunca fue tan alta. Los regímenes, potencialmente, son ahora resultados de negocios.

 

*Nota de traducción: juggernaut es en inglés la ‘Creencia o institución que logra una devoción ciega y destructiva e incluso en la cual los adeptos pueden llegar a ser implacablemente sacrificados’ (Wikipedia).

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